Historias de un sin Oficina

Desde mi sin oficina

por J.A. Galaso Cerezo

La tortuga ha aprendido cuando sacar la cabeza y cuando esconderse

La tortuga ha aprendido cuando sacar la cabeza y cuando esconderse

Este es el origen de todo, no tener oficina porque teoricamente cualquier sitio es bueno para trabajar, aún más, los sitios que no están pensados para ser oficinas son una fuente constante de lugares donde se pueden encontrar motivos de inspiración.

¿Quiere eso decir que las musas nos han de inspirar? ¿Qué solo los elegidos que son capaces de contactar con ellas pueden entrar en el selecto círulo de la innovación y el diseño?. Yo creo que no, y que el justo equilibrio entre la conectividad con el entorno y la cerrazón del duro trabajo es lo que hace que la obra salga al exterior.

El encontrar la justa medida es una de las cosas más difíciles en todo este proceso, saber cuando has de cerrar y convertirte en un obrero que avanza de una manera lineal en la consecución del objetivo es fundamental, de lo contrario llegas a la inacción por el análisis.

Por otro lado, entrar en esa coraza demasiado temprano y no seguir conectado al mundo de las ideas externas puede producir una perdida de oportunidades constante, por lo tanto es no solo difícil, sino estratégico saber cual es el momento en que hay que girar el timón y ponerse en una de las dos posiciones.

Aún así, la experiencia de estar sin oficina, demuestra que cuando llega el momento del proceso lineal, haciendo el simil de la vacas, el momento de ordeñar, es posible que podamos continuar pendientes de cosas que nos replanteen nuestro trabajo.

El otro día lo observe de una manera mucho más concreta viendo un reportaje sobre empresas de videojuegos, donde el trabajo de producción puede ser constantemente distorsionado por equipos que no tienen nada que ver con tu trabajo, por ejemplo, un programador puede verse alterado en su trabajo por un cambio en el guión del juego. O un creativo puede cambiar un personaje por introducir nuevas tecnologías en la plataforma. Y no se puede ser cerrado, porque tal vez mates al producto antes de que lo acabes.

Es decir, incluso cuando un sin oficina se aisla para realizar una producción clásica (al estilo industrial) necesita una paredes semipermeables que le permitan volver a pensar. ¿Es ese el concepto de heterarquía?, para mi sí, sin duda. Como llegar hasta él creo que es difícil y que depende en gran medida tanto del punto de partida como de la capacidad del equipo de absorver las nuevas culturas de trabajo.

Pero cada día veo más claro que el conjunto disonancia y heterarquía es un motor impresionante para la innovación y la sociedad del conocimiento. Eso si, caro, muy caro

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Filed under Citilab, Co-working, Cornellà, Coworking, HISTORIAS DE UN SIN OFICINA

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